martes, 29 de noviembre de 2011

Una mujer de piernas largas


Una mujer de piernas largas
rompe el protocolo de los cubiertos
hundiendo los pies de los visitantes
en pos de no evidenciar carpas de manteles,
levitando contornos caídos
y desnudando orgías salivitas masticadas de caviar,
su inmutable destreza de silencio
la estatua de sus ojos ausentando relojes,
la destreza en el malabarismo de su mirada sin intención
llenan los habitáculos de enigmas
de sensaciones sádicas
en el intervalo legamoso de la carne.
Escultura de sombras
como el por qué de un artista anónimo
y los versos eróticos sin poesía.
De artesanales humoradas de gestos inmódicos
han hecho sucumbir los aplausos
cuando el intendente suspiraba
los puntos suspensivos de su discurso
y las mujeres de oro de los concejales
salpicaron de salsa sus tules
al caer sus mandíbulas en las vasijas.
Por una mujer de piernas largas
los mozos se desnudaron vestidos de moño,
al orquesta afinó con ginebra sus instrumentos
y brindaron con zumo los ecos del encuentro.
Los cocineros escupieron sin telones
las barbas blancas del bacarat
el intendente vació los bolsillos
de los lamebotas del partido presente
y ellos lo apuñalaban
cicatrizándole caries en la espalda
con la primaveral sonrisa de una oveja con colmillos,
los concejales sin premuras, manoseaban
el clítoris perfumado de sus secretarias
mientras ellas llenaban de ceros
su próximo pasaje a la cuenta bancaria.
Las mujeres de oro cabeceaban
la cintura de los mozos
y el pueblo que pudo acceder
en su silla de plástico popular
aplaudían sin cesar la verdad
que sangraban en sus narices postulas.
Una mujer de piernas largas se levanta
y el mundo se detiene.
Una mujer de piernas largas se va
Y todos se vuelven a vestir.

Pedro Carrizo nació y vive aún en Río Turbio, provincia de Santa Cruz en 1981. Trabaja en la dirección de cultura de su ciudad, impulsando eventos tales como talleres y ferias del libro, aún permanece inédita su potente poesía

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